Historia del Botox y Allergan
El Botox se ha convertido en un producto muy popular, gracias a los beneficios que aporta en el campo de la estética y lo sencillo que resulta un tratamiento de rejuvenecimiento facial con Botox. Sin embargo, la primera vez que se utilizó el producto no fue con fines estéticos. Su uso en el campo estético llegó casi por casualidad.
En 1973, el oftalmólogo Alan Scott utilizó la toxina botulínica tipo A como tratamiento para pacientes con estrabismo (ojos cruzados). Este médico utilizaba esa neurotoxina para debilitar el músculo del ojo que causa esa desviación en los ojos (ya que el músculo se contrae más de lo necesario). A raíz de este caso, el Botox ganó rápidamente aceptación como una opción para tratar otros desórdenes oftalmológicos como la blefaroplastia (movimiento involuntario del párpado). Después de esas aplicaciones de uso oftalmológico, Alan Scott se dio cuenta que a sus pacientes les desaparecían las arrugas justo en la zona de aplicación. Por eso decimos que casi por casualidad se descubrió que la toxina botulínica podría utilizarse en el campo de la Estética.
Un laboratorio farmacéutico, Allergan Inc (que estaba centrado en terapias oftalmológicas y en la creación de lentes de contactos), compró los derechos de uso de esta toxina en 1988. Un año más tarde, cuando recibió la aprobación de la FDA, la compañía renombró la toxina como Botox. Con ese nombre, la toxina botulínica se hizo conocida a nivel mundial.
Transcurrieron varios años hasta que el Botox fue aprobado en los EEUU para su uso estético. Fue a partir de 2002, cuando la FDA aprueba la toxina botulínica tipo A para quitar o eliminar las arrugas. A partir de ese momento, el Botox se convierte en un verdadero boom, desplazando a las cirugías como la primera alternativa para el antienvejecimiento y rejuvenecimiento facial.
